La madre monstruo

La madre monstruo

«Un día de diciembre, me disponía a celebrar mi cuadragésimo aniversario. Estaba en un bar con una amiga y, con ánimo más bien tristón, comencé a ‘hacer balance’ después de beber unas copitas.
–Me he equivocado de camino, comencé el psicoanálisis diez años demasiado tarde, me aburro en las cenas mundanas con toda esa gente tan bien integrada en la sociedad, no he sabido agarrar por los pelos la ocasión que me ofrecía el destino (la pintan calva, pero yo sé que lleva cresta punki), mis hijos me agobian…

–Pero bueno…-interviene mi amiga-. Puedes cuestionarte lo que quieras, pero no lamentas seriamente haber tenido hijos, ¿verdad?

–Pues mira, sí. Si no hubiera tenido, ahora estaría dando la vuelta al mundo con el dinero que me han dado mis libros. Y en cambio, estoy confinada en casa, preparando cenas, levantándome a las siete de la mañana todos los días de la semana, repasando lecciones de lo más idiota y poniendo lavadoras. Y todo eso, por unos chavales que me toman por su chacha. Algunos días sí que lo lamento, y no me asusta decirlo. En la época en que los tuve era joven, estaba enamorada y sufrí la manipulación de mis genes…Si pudiera retroceder, francamente, no estoy segura de que volviera a hacer lo mismo.

Mi amiga me miró escandalizada. Hay palabras que una madre de familia no puede pronunciar si no quiere parecer un monstruo. El discurso típico es ‘Estoy orgullosa de mis hijos. Si hay algo de lo que no me arrepiento es de haberlos tenido…’».

CORINNE MAIER, (2008). No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos. pp. 15-16. Ediciones Península: Barcelona.

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