De la esperanza a la desesperación

De la esperanza a la desesperación

El niño ya hacía sentir su presencia… Mi hermoso cuerpo de mármol se distendía, se quebraba, se deformaba… Caminando a la orilla del mar, sentía a veces un exceso de fuerza y de vigor y me decía a veces que esta pequeña criatura sería mía, sólo mía; pero otros días… tenía la impresión de ser un pobre animal atrapado en un cepo… Pasando de la esperanza a la desesperación, pensaba a menudo en las peregrinaciones de mi juventud, en mis carreras errantes, en mis descubrimientos del arte, y todo ello no era sino un prólogo antiguo, perdido en la bruma que desembocaba en la espera de un hijo, obra maestra al alcance de cualquier campesina… Empezaba a ser presa de todo tipo de terrores. Vanamente me decía que todas las mujeres tienen hijos. Era algo natural y, sin embargo, tenía miedo. ¿Miedo de qué? Desde luego, no de la muerte ni del sufrimiento, tenía un miedo desconocido a lo que ignoraba. Mi hermoso cuerpo se deformaba cada vez más ante mis ojos atónitos. ¿Dónde estaban mis graciosas formas juveniles de náyade? ¿Dónde estaba mi ambición, mi renombre? A menudo, a pesar de mí misma, me sentía miserable y vencida. La lucha con la vida, esta gigante, era desigual; pero entonces pensaba en el niño que iba a nacer y toda mi tristeza se desvanecía. Horas crueles de espera en la noche. ¡Qué cara pagamos la gloria de ser madres!…

ISADORA DUNCAN. Mi vida.

vergonya

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