Culto al hijo

  • El derecho al hijo

    Querer reproducirse a toda costa es un anhelo de una vulgaridad consumada. Sin embargo, parece que nos sentimos seguros cuando hacemos lo mismo que todo el mundo e imitamos al vecino. Hoy en día, estar “integrado“ en la sociedad es tener un empleo y/o tener un hijo. ¡Alístate, ciudadano! Para estar en la onda, quienes no lo consiguen a la primera terminan cayendo en un encarnizamiento procreativo que desafía a la razón. Estos obnubilados de la reproducción se enfrentan sin pensárselo dos veces a la difícil carrera de obstáculos de los tratamientos contra la esterilidad. Con la complicidad de médicos más bien desarmados, como todo el mundo, frente a la ciencia imperante.

    Hasta tal punto se ha difundido el “deseo de hijo”, que el niño se ha convertido en un business rentable y en fuerte crecimiento. Todos los días se ponen a la venta óvulos, esperma y bebés y se alquilan úteros por períodos de nueve meses. En todo el planeta proliferan las clínicas especializadas, en las que los precios varían en función de la “cotización” del producto: los bebés blancos cuestan más caros que los negros, y en Estados Unidos, los óvulos de una estudiante de Columbia valen menos que los de una de Harvard. En Europa, este bebé-business no está tan desarrollado. Y en Francia, oficialmente, no existe. El Estado, erigido en guardián del “bien” y de la ética, vigila.

    La idea del hijo para todos y al precio que sea da lugar a una multitud de discursos previsibles y caricaturescos. Elige tu bando, camarada; lo peor nunca está asegurado, pero la estupidez sí. A mi izquierda, el fabuloso “derecho al hijo”. Una reivindicación sagrada, que casi esperamos ver consignada en el preámbulo de la Constitución. El hijo es algo tan indispensable, tan maravilloso, que todo el mundo debería tener “derecho” a él. ¿Para cuándo el “derecho exigible” al hijo? Nadie sabe a qué instancia habría que apelar para exigirlo, pero seguro que los más obsesivos no tardan en encontrar la respuesta. Yo, que no tengo padres porque ya fallecieron, ¿debería reclamar mi derecho a los padres? ¿y empezar una huelga de hambre para que se me haga justicia y se me concedan… unos padres nuevos, ya que a los verdaderos no podemos devolverles la vida, al menos mientras la ciencia no sea capaz de resucitar a los muertos? Volviendo a nuestro tema: el hijo no es un derecho ni una necesidad. No es más que… una posibilidad.

    CORINNE MAIER, (2008). No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos. pp.27-28. Ediciones Península: Barcelona.

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  • ¿Por qué tenemos hijos?

    La mayoría de nosotros no tenemos clara la razón por la cual tenemos hijos. Algunos decimos que tenemos los hijos que Dios nos manda. En un mundo donde un niño muere de hambre cada cinco segundos, decir que Dios los manda es una incoherencia terrible. Otros decimos que hay que tener hijos porque son la seguridad o la felicidad del hogar, aunque la evidencia demuestra que hay infidelidad y más divorcios que matrimonios felices. Hay muchos que vemos en nuestros hijos “objetos” de compañía, o la oportunidad de proyectar en ellos la vida que no se tuvo. En fin, por qué razón decidimos tener hijos es una pregunta que ninguna o pocas personas saben contestar sin caer en el egoísmo o en la incoherencia.

    ARTURO ARCHILA, psicólogo.

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